jueves, noviembre 23, 2006

La Canción de Penélope


"Penélope fue la esposa de Ulises. La leyenda y literatura clásica le han dado celebridad universal por la fidelidad guardada a su marido, a quien esperó durante viente años, mientras él se hallaba en la guerra de Troya. Entre las mujeres de los héroes que participaron en la toma de esta ciudad, es casi la única que no sucumbió a los demonios de la ausencia. Dada el largo alejamiento de su marido, pronto fue objeto de solicitaciones cada vez más apremiantes: todos los jóvenes de las cercanías pedían su mano y, como ella rehusaba, se instalaron en el palacio de Ulises; se dieron una vida espléndida y trataron de vencer la resistencia de la mujer arruinándola ante sus ojos. Penélope les dirigió violentas censuras, pero de nada sirvieron. Entonces acudió a una estratagema: les dijo que elegiría uno entre ellos cuando hubiera terminado de tejer la mortaja de Laertes. Y el trabajo que efectuaba durante el día lo deshacía durante la noche. Cuando Ulises regresa, no se da a conocer, por el momento, a su esposa. Durante el combate con los pretendientes, Penélope permanece en su aposento, profundamente dormida. Sólo después Ulises revela su identidad. Ella vacila, pero finalmente lo reconoce y la diosa Atenea cuidó de prolongar la noche siguiente, para que ambos amantes tuvieran tiempo de relatarse mutuamente sus aventuras y compartir dicha y amor"

Los ritmos, las circunstancias, los tiempos, las esperas y las desesperaciones, en muchos casos originados por ausencias, aparecen en cada rincón de mi vida en forma de historias particulares constantemente. La ausencia de alguien que no va a regresar nunca y la esperanza de volver a verle en otras vidas, otros mundos; pero con el coraje suficiente como para darse una última oportunidad, aunque la espera y la burocracía en más de una ocasión le ahogen en un océano de imágenes, a veces felices, a veces nostálgicas, a veces amargas. La ausencia de alguien que estuvo, que sigue sus pasos por el mundo, pero que camina en otra dirección y la otra mitad, como alma en pena condenada a repetir la misma historia, sigue vagando intentando encontrar un espejismo que sea el verdadero oasis que le de la paz y la tranquilidad que tanto ansía y ahuyente la mezquina soledad de una vez por todas. También topé con un Odiseo que me lanzó un bote salvavidas a las aguas de un mar muy oscuro y que ve como cada uno de sus tripulantes va dejando el barco, va siguiendo su propia ruta, pero él mismo ha perdido toda esperanza, no termina de encontrar un sentido al camino que como pingüino todos recorremos. La ausencia de alguien que ni siquiera llegó a ser, de dos días de ensueño y un canto de sirena que le indujo a un hipnosis que no termina de desaparecer y le impide continuar con su propio camino, chocando en más de una ocasión contra las rocas y quedando varado y desconfiando en una playa. La espera de un hospital que he vuelto a recordar ultimamente, lenta, sedante y desesperante donde vuelven a aparecer demonios y desencuentros con los que se convive a diario pero que están aletargados y sólo se manifiestan en esas horas muertas, en esos largos pasillos, en esos olores penetrantes a "salitre". Alguien me dijo por estos mundos que mi fuerte no era la paciencia, que mi espera y mi desesperación iban la una delante de la otra, en vez de ir cogidas de la mano, equilibradas, caminando a la par. Pero últimamente, cuando me levanto, abro la ventana y veo ese mar de olivos a veces me planteo si no estaré recorriendo la misma ruta que Ulises y recuerdo lo que escribí allá por el 3 de Julio: lo importante es el camino y no la meta; lo importante es no perder de vista el horizonte. Espero no desesperar. ¿Me estará esperando Penélope?


Ahora que ha llegado el momento
Pronto se irá el día
Allá en alguna orilla lejana
Me escucharás decir

Tan largo como es el día durante el verano
Tan profundo como el oscuro océano
Guardaré tu corazón junto al mío
Hasta que regreses a mi

Allí volaría como un pájaro
en las alturas a través del aire
Tocando con mis manos los rayos del sol
Sólo por encontrarte

Y por la noche cuando nuestros sueños estén en calma
o cuando el viento sople libremente
Guardaré tu corazón junto al mío
Hasta que regreses a mi

Ahora que ha llegado el momento
Pronto se irá el día
Allá en alguna orilla lejana
Me escucharás decir

Tan largo como es el día durante el verano
Tan profundo como el oscuro océano
Guardaré tu corazón junto al mío
Hasta que regreses a mi

Loreena Mckennitt "Penelope's Song"

1 comentario:

Iohannes Dei dijo...

Suerte el que se levanta un día como Odiseo, después de la guerra en una Troya, del periplo heroico de vuelta a la patria, de poner en orden su casa -los cadávares de los usurpadores desaparecidos-, y todo comienza de nuevo, como si hubiera sido un sueño. Pero no, no cabe seguir abrazado a la almohada porque Penélope llena el hueco a un lado de la cama, como sucedió en la mesa durante la cena. Suerte si es así. Otros despertamos después del naufragio, sobre la arena de un lugar desconocido, que no lo es, resulta que ya andamos muertos.

Thanks for this, My pearl