miércoles, febrero 27, 2008


De tus pechos
preñados de estrellas
arranqué la
tímida luz que
se asomaba
enmascarada a la
sombra de la
sonrisa del alba.
Y al susurrar a
tu ombligo, me contó
en lenguas extrañas
y amaneceres calientes
de tierras ahora
distantes, los
sueños que se esconden
en la cadencia intermitente
de tus labios agrietados.
La cascada de palabras
me envolvió como el
canto de las sirenas e
irremediablemente
anclé mi barco
a tu tierra salvaje.

Evanggelos

2 comentarios:

Iohannes Dei dijo...

Vaya...¡inefable!

Anónimo dijo...

¿Que triste no, perla?