lunes, julio 31, 2006

Memorias olvidadas

Esta mañana, después de desayunar como todos los días, he revisado el correo y me he encontrado con una canción que ha vuelto a remover cosas que ya estaban en el cajón. Esos recuerdos que cada vez debían de serlo más: largos viajes en un coche ya ajeno, con el sol en la frente y mi mano en su muslo; las estrellas lloviendo a nuestro paso, un beso inesperado, un bocado en la oreja, una sonrisa con los ojos... Parece ser que la puerta no termina de cerrarse o yo no logro encontrar la llave para cerrarla, tendré que preguntarle al pingüino por si la encuentra en alguno de los sitios que está visitando, porque además, desde que echó a volar me siento un poco...sólo rodeado de gente.

¿No lo ves?
Tu ecuánime serpiente
de tres cabezas
equilibrio, sensatez y pasión

Y al final
nada, sólo tu veneno
embriagando y recorriendo
mis venas; espeso y húmedo
sensual y narcótico

¿Acaso crees que
tu podrás escapar del sueño
eterno, del sol oscuro,
de los días por no venir,
del último suspiro?

Dicen que el sol
siempre brilla, pero ¡ay
de aquel que no lo ve!
¡vae soli! aroma salada
y agria.

Y conocer lo
que está por venir y lo
que no acontecerá."no
temas más el fragor de
la tormenta";la primavera
pronto traerá nuevos
días
Andonis

5 comentarios:

Haykus dijo...

No es bueno buscar la llave, tampoco forzar la puerta, hay que dejarla que se cierre poco a poco, si la cerramos de golpe nos podemos encontrar con que algo chirria, es mejor dejarla a su aire, como las heridas... que el sol, el oxígeno, el aire, la vida vayan curtiendo la piel; así no quedan cicatrices. Los duelos hay que pasarlos, llorarlos, sentirlos y sufrirlos, algunos incluso duran dos años... otros duraron hasta más. Solo dejate rodear de gente, sigue así rodeado, encontraras tu nuevo lugar.

Quique dijo...

Igual la puerta está cerrada y tú ni te habías dado cuenta, además, no debes encontrar ninguna llave en particular, todos tenemos una llave maestra que permite cerrar cualquier puerta... así es mucho más fácil que intentar una llave en concreto.

Abrazos.

Iohannes Dei dijo...

Los recuerdos nos afectan cuando hay apego. Cuando nos aferramos. Es muy fácil cerrar la caja, pasar de página, deshacerse de la carga ya inútil y pesada: tan sólo hay que hacerlo. Pero cúal es el problema: que echamos de menos aquello que teníamos, lo deseamos aún, y de este modo perdemos el aquí y el ahora y todas las nuevas oportunidades. En definitiva, la solución es nuestra, pero no queremos verla y enfrentarnos a ella (hablo por experiencia).

Iohannes Dei dijo...
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Haykus dijo...

Poca palabras ayudan, solo los recuerdos de los vivido nos sirven, sencillamente porque al rememorarlos nos damos cuenta de que son eso, recuerdos; nuestra realidad es otra. Eso nos permite enfrentarnos al porvenir, a esa maravilla que se llama futuro y que esta esperando nuestro vuelo. El problema de ser pingüino es no poder volar y a ello añades el estar en el desierto... por algún lugar has de empezar, o modificas tu genética o te piras a un oasis... lo que te sea más cómodo. Modificar genes, actitudes, sentimientos... no es demasiado interesante, yo prefiero viajar.

Besos Pingü